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Despertada - Primer capítulo

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Despertada - Primer capítulo

Mensaje por Zoey Redbird el Dom Sep 18, 2011 12:48 pm

DESPERTADA


Primer capítulo

NEFERET
Una sensación inquietante de irritación despertó a Neferet.
Antes de que verdaderamente se alejara de ese lugar amorfo entre los sueños y la realidad, extendió la mano con sus largos dedos, elegantes y tuvo compasión de Kalona. El brazo que ella tocó era musculoso. Su piel era suave, fuerte y agradable por debajo de las puntas de sus dedos. Todo lo que ella tocaba era suave, pero nada como unas suaves plumas. Él se movió y se giro ansiosamente hacia ella.
―¿Mi Diosa?‖ Su voz era ronca debido al sueño y los principios de un renovado deseo.
Él la irritaba.
Todos ellos la irritaban porque no eran él.
―Déjame…Kronos‖. Tuvo que hacer una pausa, para buscar en su memoria y recordar su ridículo nombre, excesivamente ambicioso.
―Diosa, ¿he hecho algo para desagradarle?‖
Neferet levanto la mirada hacia él. El joven Guerrero Hijo de Erebus estaba recostado en la cama junto a ella, con su bien parecido rostro, y su expresión de deseo, ojos de color verde-mar tan llamativos en la penumbra de su dormitorio iluminado con velas, casi como lo había estado desde el día anterior cuando ella le había observado entrenándose en el patio del castillo. Él había avivado sus deseos entonces, y con una mirada invitadora de su parte, él voluntariamente llego hacia ella, para inútilmente, pero con algo de entusiasmo, tratar de probarle que él era el Dios que su nombre indicaba. El problema era que Neferet ya se había acostado con un inmortal, por lo que ella sabia excesiva e íntimamente el gran impostor que este Kronos verdaderamente era.
―Respirar,‖ Neferet dijo, dándole con sus ojos azules una mirada aburrida.
―¿Respirar, Diosa?‖ Su frente, estaba decorada por un patrón de tatuajes que se suponía representaban armas de guerra y hermosas esferas, pero para Neferet lucían como aquellos fuegos artificiales de julio, surcando el cielo confusamente.
―Preguntaste que es lo que habías hecho para desagradarme y yo te dije: Respirar. Y también el hecho que te acercas mucho a mí. Eso me desagrada. Es hora de que te vayas de mi cama‖. Neferet suspiró y movió sus dedos hacia él en señal de despido. ―Vete. Ahora‖.
Ella casi se rió en voz alta ante su mirada no disimulada de dolor y conmoción.
¿El joven realmente creía que podría reemplazar a su Consorte Divino? La impertinencia del pensamiento avivo su ira.
En las esquinas del dormitorio de Neferet, las sombras dentro de las sombras temblaron con anticipación. A pesar de que no les reconocía, ella sintió su apasionamiento. Y eso la complació.
"Kronos, fuiste una distracción, y por un tiempo breve me diste un poco de placer". Neferet le tocó otra vez, esta vez no tan suavemente, y sus uñas dejaron verdugones por su grueso antebrazo. El joven guerrero no se sobresaltó o se alejo.
En lugar de eso él tembló bajo su toque y su respiración se profundizo. Neferet sonrió. Ella sabia que él necesitaba algo de dolor para sentir despertar el deseo, en el mismo momento en el que sus ojos se encontraron con los de ella.
―Le daría más de placer, si usted me lo permitiera,‖ él dijo.
Neferet sonrió. Su lengua se movió lentamente, lamiéndose los labios mientras ella le observó observarla. ―Quizá en el futuro. Quizá. Por ahora lo que necesito es que me dejes y, por supuesto, que continúes adorándome‖.
―Ojalá pudiera demostrarle cuánto deseo adorarle de nuevo‖. La última palabra fue dicha como una caricia verbal, y—equivocadamente—Kronos trató de alcanzarla.
Como si fuera su derecho tocarla.
Como si sus deseos estuvieran sometidos a sus necesidades y sus deseos.
Un eco pequeño del pasado lejano de Neferet—un tiempo que ella pensó que había enterrado junto a su humanidad—se filtro en sus enterrados recuerdos. Ella sintió el toque y el olor de la hediondez del rancio aliento, de su alcohólico padre mientras su infancia invadía el presente.
La respuesta de Neferet fue instantánea. Tan fácil como respirar, ella alejo su brazo del toque del guerrero y elevo su mano, con la palma hacia afuera, hacia las sombras más cercanas que acechaban en los bordes de su recámara.
La oscuridad respondió a su toque aun más rápidamente que Kronos. Ella sintió su frio mortal y se deleitó con la sensación, especialmente porque alejaban sus recientes recuerdos. Con una moción indiferente, ella esparció la Oscuridad sobre Kronos, diciendo, ―si es dolor lo que deseas, entonces saborea mi helado fuego‖.
La Oscuridad que Neferet arrojó hacia Kronos penetró su juvenil piel, suavemente y ansiosamente, cortando cintas de color escarlata a través del antebrazo que ella recientemente había acariciado.
Él gimió, sin embargo esta vez más por el miedo que por la pasión.
―Ahora haz lo que te ordeno. Déjame. Y recuerda, joven guerrero, una diosa decide cuando y donde y cómo quiere ser tocada. No te sobrepases a ti mismo de nuevo‖.
Sujetando su brazo sangrante, Kronos se inclino en una reverencia humilde hacia Neferet. "Sí, Mi Diosa".
―¿Qué diosa? ¡Sea específico, Guerrero! Tengo pocas ganas de ser llamada por títulos ambiguos‖.
Su respuesta fue instantánea. ―Nyx Encarnada. Ese es su título, mi Diosa‖.
Su estrecha mirada se suavizo. La cara de Neferet se relajó y volvió a máscara de belleza y calidez. ―Muy bien, Kronos. Muy bien. ¿Ves lo fácil que es complacerme?‖
Atrapado en su mirada esmeralda, Kronos asintió con la cabeza una vez, y después puso su empuñada mano derecha sobre su corazón y dijo, ―Sí, mi Diosa, mi Nyx,‖ y salió retrocediendo respetuosamente de su recámara.
Neferet sonrió otra vez. No le importaba mucho el hecho de no ser la verdadera Nyx Encarnada. La verdad era que Neferet no estaba interesada en ser encerrada en el papel de una diosa encarnada. ―Eso implicaría que soy menos que una diosa,‖ ella habló hacia las sombras que se reunieron a su alrededor. Lo importante para ella, era el poder—y si el título de Nyx Encarnada la ayudaba en su búsqueda de adquisición de poder, especialmente ante los Guerreros Hijos de Erebus, entonces ese era el título por el cual sería llamada.
―Pero aspiro a más—mucho más que estar de pie bajo la sombra de una diosa‖.
Pronto ella estaría lista para dar el siguiente paso, y Neferet ya conocía a una cierta cantidad de Hijos de Érebus que podían ser manipulados para estar parados junto a ella. ¡Oh!, no los suficientes como para en verdad predisponer una batalla con su fuerza física, pero si los suficiente como para fragmentar el estado de ánimo de los Guerreros y como para ponerles hermano en contra de hermano.
Hombres, ella pensó desdeñosamente, tan fácilmente son engañados por la máscara de la belleza y el título, y también tan fáciles de manejarles a su beneficio.
El pensamiento la complació pero no era suficiente como para distraerla, así que Neferet desasosegadamente dejo su cama. Envolvió una túnica de seda alrededor de ella misma y se alejo de su recamara hacia el corredor. Antes de que fuera consciente de sus acciones ella se dirigió hacia el hueco de la escalera que la llevaría hacia las entrañas del castillo.
Las sombras dentro de las sombras siguieron a Neferet, imanes oscuros dibujados por su agitación creciente.
Ella sabia que se movían con ella. Sabía que eran peligrosas y que se alimentaban de su ansiedad, su cólera, y su inquieta mente. Pero, extrañamente, eso la consolaba.
Ella hizo una sola pausa en su descenso por las escaleras.
¿Por qué yo voy a él de nuevo? ¿Por qué le permito invadir mis pensamientos esta noche? Neferet sacudió su cabeza en un ademán de desalojar las silenciosas palabras y habló en medio de las estrechas, y vacías escaleras, frente a la Oscuridad que la rondaba atentamente. ―Voy porque es lo que yo deseo hacer. Kalona es mi Consorte. Él fue herido bajo mi servicio. Es natural que piense en él‖.
Con una sonrisa de satisfacción Neferet continuo bajando por el sinuoso hueco de la escalera, fácilmente reprimiendo la verdad: Que Kalona había sido herido porque ella le había atrapado, y que el servicio que él realizaba para ella era uno forzado.
Llegó a la mazmorra, esculpida hace siglos sobre la tierra rocosa de la que estaba hecha la Isla de Capri en el nivel más bajo del castillo, y se paseó silenciosamente a lo largo del corredor iluminado con antorchas. El Guerrero Hijo del Dios Erebus que estaba de pie fuera del cuarto enrejado no pudo esconder su sacudida de sorpresa. La sonrisa de Neferet se hizo más grande. Su mirada conmocionada, matizada con algo de miedo, le indico que estaba mejorando en sus apariciones desde las sombras y la noche.
Su estado de ánimo se aligero, pero no lo suficiente como para añadirle blandura a una sonrisa que tenia los bordes crueles, ni suavizar el tono de orden en su voz.
―Salga. Tengo deseos de estar a solas con mi Consorte‖.
El Guerrero Hijo de Érebus vaciló sólo un momento, pero esa pausa ligera fue suficiente para que Neferet haga una nota mental para si misma, que en los próximos días este particular Guerrero fuera devuelto a Venecia. Quizá por una emergencia relacionada con alguien cercano a él.
―Sacerdotisa, les dejare para su privacidad. Pero quiero que sepa que estaré atento al sonido de su voz y que reaccionaré a su llamada en caso de que me necesite‖. Sin mirarla a los ojos, el puño del Guerrero se poso sobre su corazón y se inclino—aunque su inclinación fue tan ligera que no le agrado. Neferet le observó retirarse por el estrecho corredor.
―Sí,‖ ella le susurró a las sombras. ―Puedo sentir que algo muy malo va a ocurrirle a tu consorte‖.
Alisando la seda de su manto, ella se giró hacia la cerrada puerta de madera. Neferet respiro profundamente del aire húmedo de la mazmorra. Alejo su grueso pelo castaño rojizo que caía sobre su cara, dejando al descubierto su belleza como si estuviera preparándose para la batalla. Neferet agitó su mano hacia la puerta y la abrió para ella. Entró a la habitación.
Kalona estaba recostado directamente sobre el piso de tierra. Ella había querido hacer una cama para él, pero la discreción había dictado sus acciones. La realidad era que ella le mantenía atrapado. Y tenia que ser muy sabía. Él tenía que completar su misión por ella—y eso era lo más conveniente para él. Si su cuerpo recobrara demasiado de su fuerza inmortal, sería una distracción para Kalona, una distracción desafortunada.
Especialmente cuando él había jurado actuar como su espada en el Otro Mundo y así librarse de las desavenencias que Zoey Redbird había creado entre ellos en el presente, en esta realidad.
Neferet se acercó a su cuerpo. Su Consorte estaba en posición plana sobre su espalda, desnuda, con sólo sus alas negras como un revestimiento que le cubría. Ella se hincó graciosamente sobre sus rodillas y después se reclinó, frente a él, sobre la piel grueso que ella había hecho acomodar junto a él para su conveniencia.
Neferet suspiró. Y tocó un lado de la cara de Kalona.
Su carne era fresca, como siempre lo había sido, pero sin vida.
Él no mostró reacción alguna a su presencia.
―¿Por qué tardas tanto tiempo, mi amor? ¿Podrías no haberte desecho de esa molesta chica tan rápidamente?‖ Neferet le acarició otra vez; esta vez su mano se deslizó desde su cara hacia la curva de su cuello, sobre su pecho, para descansar sobre las hendiduras que definían la musculatura de su abdomen y cintura.
―Recuerda tu juramento y cumple con él, para que yo pueda abrir mis brazos y mi cama para ti, de nuevo. Por sangre y Oscuridad has jurado impedirle a Zoey Redbird que regrese su cuerpo, para así destruirla, y finalmente yo pueda regir en este mundo moderno mágico‖.
Neferet acarició la delgada cintura del caído inmortal otra vez, sonriendo en secreto. ―Oh, y por supuesto estarás a mi lado mientras yo domine‖.
Invisible para los Hijos de Érebus quiénes se suponían eran espías del Alto Consejo, los hilos negros, como tela-arañas se elevaban sobre Kalona atrapándolo contra la tierra que se estremecía, Neferet paso su mano sobre ellos, rozándoles. Momentáneamente se distrajo por su frío atrayente, entonces Neferet abrió su palma hacia la Oscuridad y permitió que esta se retuerza alrededor de su muñeca, cortando ligeramente en su carne lo suficiente—pero no como para causarle un dolor insoportable—pero si lo suficiente como para, por ahora saciar su lujuria interminable de sangre.
Recuerda tu juramento.
Las palabras se alzaron alrededor de ella como un viento de invierno serpenteando a través de ramas desnudas.
Neferet frunció el ceño. No era necesario que se lo recordaran. Por supuesto que ella recordaba su juramento. La Oscuridad había querido su cuerpo, sin embargo—ella había encerrado el cuerpo de Kalona, forzando a su alma ir al Otro Mundo—y ella había estado de acuerdo en sacrificar la vida de un inocente que no fuera manchado. Pero la Oscuridad había sido incapaz de disolverse.
El juramento es el mismo. La negociación se mantiene, hasta que Kalona falle, Tsi Sgili…
Otra vez las palabras susurraron a su alrededor.
―¡Kalona no fallará!‖ Neferet gritó, completamente indignada hacia la Oscuridad, que se atrevía a castigarla. ―Y si el lo hace, he atado su espíritu con el mío para mandar sobre él para siempre ya que es inmortal, así que si aun así el fracasa, eso será una victoria para mí. Así que él no fallará‖. Ella repitió las palabras, lenta y claramente, retomando las riendas sobre su temperamento progresivamente volátil.
La oscuridad lamió su palma. El dolor, aunque leve, le complació, y ella contempló las tijeretas cariñosamente, como si fueran solo algunos gatitos ansiosos compitiendo por su atención.
―Queridos, tengan paciencia. Su búsqueda no ha finalizado. Mi Kalona sigue siendo un cascaron. Sólo puedo asumir que Zoey esta debilitándose en el Otro Mundo—casi sin vida y, desafortunadamente, aun no ha muerto del todo‖.
Los hilos que sujetaron su muñeca se estremecieron, y por un instante Neferet oyó el anillo burlón de una risa retumbando a lo lejos.
Pero ella no tuvo tiempo para considerar las implicaciones de tal sonido— si eso era real o solo un elemento del mundo en expansión que era la Oscuridad y el poder que se consumía cada vez más y más de lo que ella un día conoció—porque en ese mismo momento el cuerpo atrapado de Kalona se sacudió espasmódicamente y respiró un aliento profundo, jadeante.
Su mirada fue de inmediato a su cara, así que ella presenció el horror de sus ojos abriéndose, a pesar de que estos no eran más que dos cuencas vacías, ensangrentadas.
―¡Kalona! ¡Mi amor!‖ Neferet se puso de rodillas, inclinándose sobre él, mientras que sus manos revoloteaban alrededor de su cara.
La Oscuridad que había estado acariciando sus muñecas latió con una sacudida repentina de poder, haciendo que ella retrocediera antes de que el zarcillo de oscuridad se dispare de su cuerpo y se una a todos los demás zarcillos pegajosos que, luciendo como una red, revolotearon y pulsaron contra el techo de piedra de la mazmorra.
Antes de que Neferet pudiera formar una orden para llamar hacia ella a un zarcillo—y pedirle explicación de su comportamiento extraño—un enceguecedor destello de luz, tan liso y brillante que ella tuvo que escudar sus ojos, explotó del techo.
La telaraña de oscuridad la atrapo, recorriendo la luz con agudeza inhumana y encarcelándola. Kalona abrió la boca con un grito insondable.
―¿Qué es eso? ¡Exijo saber que esta ocurriendo!‖ Neferet gritó.
Su Consorte ha regresado, Tsi Sgili.
Neferet se quedó con la mirada fija hacia el globo de luz encarcelada y suspendida en el aire y, con un terrible siseo, la Oscuridad se zambulló en el alma de Kalona a través de los conectores de sus ojos y de regreso a su cuerpo.
Lo alado inmortal se contorsiono de dolor. Sus manos se alzaron para cubrirse la cara, provocándole un jadeo, y una respiración entrecortada.
―¡Kalona! ¡Mi Consorte!‖ Como lo había hecho cuando ella era joven y solía curar, Neferet se movió automáticamente junto a el. Presionó sus palmas sobre las manos de Kalona, rápida y eficazmente se centro en ella misma, y dijo, ―Tranquilízale y quítale su dolor y haga que su agonía sea como el sol rojo sedimentándose en el horizonte—hundiéndose, alejándose‖
Los estremecimientos que destruían el cuerpo de Kalona comenzaron a disminuir casi instantáneamente. El alado inmortal inspiró profundamente. Aunque sus manos seguían temblando, Neferet los sujeto duramente, alejándolos de su cara. Entonces, él abrió sus ojos. Que tenían el color profundo y ámbar del whisky, claro y coherente. Él era, de nuevo, el mismo.
―¡Has regresado a mí!‖ Por un momento Neferet estaba tan llena de alivio que estaba muy consciente de que estaba a punto de llorar. ―Tu misión está completa‖. Neferet removió los tentáculos que se aferraban tercamente al cuerpo de Kalona, mirándolos ceñudamente ya que parecía que estaban muy renuentes a alejarse de su amante.
―Aléjame de la tierra‖. Su voz estaba ronca debido a la falta de uso, pero sus palabras eran lúcidas. ―Llévame hacia el cielo. Necesito ver el cielo‖.
―Sí, por supuesto, mi amor‖. Neferet hizo gestos hacia la puerta y eso la reabrió. ―¡Guerrero! Mi Consorte ha despertado. ¡Guíelo hasta el tejado del castillo!‖
El Guerrero Hijo de Erebus que la había molestado tan recientemente obedeció su orden sin lugar a dudas, sin embargo Neferet notó que él lucia conmocionado debido a la repentina reanimación de Kalona.
Espera hasta que sepas la verdad de todo esto. Neferet le lanzo una sonrisa afectada superior. Muy pronto usted y los otros Guerreros recibirán órdenes sólo de mí—o perecerán.
El pensamiento la complació mientras seguía a los dos hombres desde las entrañas de la fortaleza antigua de Capri, hacia arriba y arriba hasta que finalmente surgieron desde los escalones de piedra hacia el tejado.
Era pasada la medianoche. La luna colgada en el horizonte, amarilla y pesada, aunque no tan plena.
―Llévelo hasta el banco y después déjenos,‖ ordeno Neferet, señalando hacia el banco de mármol que estaba elaboradamente esculpido y que descansaba al borde del tejado del castillo, permitiéndole una vista verdaderamente magnífica del mediterráneo que refulgía. Pero Neferet no tenía interés en la belleza que la rodeaba. Ella se despidió con un gesto del Guerrero, aunque ella sabía que él notificaría todo al Alto Consejo, ya que el alma de su Consorte había regresado a su cuerpo.
Eso no tenía importancia ahora. Eso podría ser tratado más tarde.
Sólo dos cosas importaban ahora mismo: Kalona había regresado a ella, y Zoey Redbird estaba muerta.

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Zoey Redbird
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